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  • El duelo por la pérdida de salud

    Nadie está preparado para la pérdida de facultades. Por desgracia, en ocasiones la llegada de una enfermedad da la vuelta al mundo conocido que la persona afectada había vivido hasta el momento, y tendrá que empezar una adaptación que requiere tiempo y ayuda. Hablamos del duelo ante la pérdida de salud. Es un nuevo estado que supone algún tipo de limitación en las actividades de la vida cotidiana durante un periodo de tiempo más o menos extenso. Cuando hablamos de enfermedades crónicas o enfermedades graves avanzadas encontramos trabas que se dan en diferentes ámbitos de nuestra vida y que, además, se mantendrán y / o agravarán con el paso del tiempo.

    Sin duda, se trata de una nueva situación que condicionará la vida del afectado. Aceptar la enfermedad también supondrá un reto. Todo lo que perdemos como consecuencia de la enfermedad, sea la capacidad de movimiento, la agilidad, la visión o cualquier aspecto de la salud, provoca un desequilibrio emocional al que cada persona se enfrenta de una manera única. Es frecuente quedarse sólo en la raíz del problema, y ​​pensar que la única consecuencia para el paciente será la pérdida de salud, sin embargo, siempre hay daños colaterales. A la enfermedad se irán añadiendo pérdidas de vida social, de vida laboral, de actividades de la vida cotidiana e incluso de identidad, y eso conllevará sentimientos de soledad, de incomprensión, de incapacidad, de inseguridad , de baja autoestima ... Y al igual que la salud física deben ser atendidos de la misma manera.

    En esta línea, los Espacios de Apoyo de Mémora organizan charlas y talleres sobre 'El duelo por la pérdida de salud'. El perfil habitual de los asistentes a este taller suelen ser mujeres de entre 60 y 75 años, lo que demuestra que el sector femenino está más preocupado por los temas de salud. Las personas interesadas suelen encontrarse en un proceso de pérdida de salud puntual, como puede ser el diagnóstico reciente de una enfermedad oncológica o una lesión de larga duración, pero son situaciones que duran un tiempo y tienen fecha de recuperación. Por otra parte, asisten personas que viven con una enfermedad crónica. Seguramente el ejemplo más claro son los afectados por fibra mialgia: una enfermedad silenciosa y no reconocida que provoca que sus dolores y su duelo no existan en la sociedad. Por último, hay un tercer grupo importante, aquellos que ante la llegada de la vejez viven un duelo constante por el deterioro progresivo e irreversible de sus facultades.

    La vida continúa, y aquellos que sufren una enfermedad deberán adaptarse a su nueva condición. Por este motivo, es vital superar el duelo. Cuando un diagnóstico entra a formar parte de nuestra nueva realidad surgen un montón de emociones y tenemos que entender que no todo el mundo las vive igual, de hecho se trata de un proceso muy personal. Sin embargo, hay un mismo camino, un mismo viaje, bien duro, que hay que pasar el fin de adaptarnos y adquirir todas aquellas herramientas necesarias para aprender a vivir bien con una enfermedad pero también con una mochila llena de sabiduría. Llegar a aceptar la enfermedad supone transitar por una serie de etapas que van generalmente desde la negación de la realidad, «no puede ser», pasando por un torbellino de emociones como la rabia, «por qué a mí», el miedo , «cómo será mi vida ahora», la tristeza, «ya no será como antes», hasta llegar a la aceptación. Los que llegan a la culminación de estas etapas llegan a aceptar la realidad que les toca vivir, asumiendo su responsabilidad para realizar cambios y adaptando sus proyectos e ilusiones a la nueva realidad o, bien, creando otros de nuevos que les permitan seguir adelante.

    Lola Cabrera, psicóloga especializada en duelo. Responsable de la atención individual y grupo de duelo a los Espacios de Apoyo de Mémora.