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  • Un día internacional dedicado a las personas mayores

    La historia reciente nos lleva a aquel 14 de diciembre de 1990 cuando la Asamblea General de Naciones Unidas designa el día 1 de octubre como Día Internacional de las Personas Mayores. Ya son veintisiete años de un día dedicado a la concienciación y sensibilización de la sociedad hacia una realidad que es el envejecimiento de la población, pero sobre todo a reconocer las aportaciones del colectivo de las personas mayores al desarrollo social y económico junto con la apuesta por identificar las oportunidades y los retos inherentes al envejecimiento demográfico que afecta a todo el mundo.

    Nuestra sociedad envejece. El grupo de edad de 65 y más años es el que viene experimentando un mayor incremento frente a cualquier otro grupo de edad, tan solo debemos de recordar que durante los últimos treinta años se ha duplicado la población anciana, y la proyección de población para nuestro país nos dicen que seguirá aumentando hasta el año 2050, momento en el que el número de personas mayores se duplicará respecto a las cifras actuales. En ese momento España se convertirá en el primer país europeo más envejecido y el segundo país a nivel mundial detrás de Japón. Si bien el envejecimiento poblacional es un éxito de las políticas de salud pública y del desarrollo socioeconómico, no deja de ser menos cierto que es un reto social, la Organización Mundial de la Salud lo considera como uno de nuestros mayores desafíos.

    Esta realidad hace que el envejecimiento deba de estar en la agenda política, tanto de las administraciones locales como nacionales, con el objetivo de diseñar e implementar políticas que respondan a los problemas que atañen directamente e indirectamente a las personas mayores. Sin duda, muchas administraciones han asumido este encargo buscando fórmulas para crear nuevos recursos y servicios o modernizar los existentes, tanto en lo relativo a recursos humanos, a medios materiales o a programas basados en las evidencias disponibles y centrados en la persona mayor. Un elemento clave, en el que deberemos de seguir profundizando e innovando, es el desarrollo de políticas de envejecimiento activo: planes, estrategias, programas y campañas que durante los próximos años irán en aumento en nuestro país.

    La vejez está rodeada de estereotipos negativos, asociándola en ocasiones a enfermedad, dependencia y falta de productividad; sin embargo, cuando las personas mayores se mantienen activas, aquellos se ven reducidos y empiezan a desaparecer. Las personas mayores tienen que participar en su entorno y contribuir con plenitud en su comunidad, aunque su contribución se percibe diversa: desarrollando voluntariado o actividades remuneradas, participando en actividades culturales, sociales, recreativas o educativas, colaborando en organizaciones y asociaciones, o cuidando de familiares y amigos de forma regular, entre otras. Las personas mayores tienen que interactuar con su entorno y las comunidades saber aprovechar el potencial que está detrás de cada persona, es importante potenciar las relaciones intergeneracionales para que los mayores puedan sentirse participes y activos.

    Poner en valor a las personas mayores es hablar de envejecimiento activo, de políticas y programas que potencien la salud, la participación y la seguridad de las personas mayores, los cuales estarán basados en los derechos, las necesidades, las preferencias y las capacidades de las personas de edad avanzada, así como en las experiencias vitales previas sobre la manera de envejecer.

    La extensión a todas las personas mayores de situaciones clínicas y sociales de una pequeña proporción de la sociedad hace que tengamos la visión de ellas más como receptoras de cuidados y  de apoyos económicos que como un grupo social vinculado con la generosidad de ofrecer a la familia y a la sociedad su tiempo, cuidados, conocimientos, energía, apoyo emocional, económico y material.

    Es importante que tengamos presente y sepamos agradecer la enorme labor que calladamente realizan cada uno de los días del año y que dan valor a las relaciones familiares y a la sociedad en general. Mayores que desde el entramado familiar cuidan de personas dependientes, de menores o discapacitados, una labor silente, no reconocida y poco valorada, mayores que recogen y mantienen en su hogar a otros miembros de la familia, mayores que ayudan económicamente a hijos, nietos u otros parientes. Sin olvidarnos de otros elementos que nos ofrecen más intangibles como el tiempo, la seguridad, el afecto, la protección, el apoyo emocional, etc.

    Por otro lado, a través de la implicación en organizaciones sin ánimo de lucro, en asociaciones o bajo el paraguas de ONG las personas mayores encuentran un vehículo para canalizar sus capacidades aportando su trabajo, conocimientos y apoyos de forma desinteresada, sin ningún tipo de remuneración y cubriendo huecos que en muchas ocasiones no pueden ser llenados desde los sistemas formales de atención.

    Debemos de tener presente que las personas mayores están dispuestas a aportar, tan solo necesitan las oportunidades para poder canalizar todos sus potenciales.

    Autor: Fernando Martínez, presidente de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG)